Historia

Historia del caballo árabe de líneas puras españolas

Hace casi seis mil años, los guerreros de la península ibérica se instituyeron como destacados caballistas. Está bien documentado que en tiempos históricos la caballería ibérica había cobrado fama de adversario intrépido y eficaz, debiendo gran parte de su éxito a sus finas monturas. El tipo de enfrentamientos entonces consistía en cargas individuales de caballos, con salidas rápidas, paradas y piruetas, seguidas de repliegues y nuevos ataques. Una manera de montar que fue posible gracias al uso de caballos muy ágiles, embocaduras con freno y estribos en punta.

En el año 711 DC los árabes invadieron la península ibérica, en esa época bajo el dominio visigodo, y la ocuparon hasta el final del siglo XV. Se ha escrito mucho acerca de la influencia de los caballos berberiscos y árabes sobre los caballos ibéricos durante la ocupación. Es posible que de la propia confianza de los árabes en la calidad de sus yeguas de guerra surgiera el estatus de la yegua. Las yeguas son objeto de gran respeto en los programas de cría de árabes en España, y en general en Europa. Se coloca más énfasis en ellas y en las familias maternas (la última yegua al final del pedigrí) en comparación con la consideración que se otorga a los sementales y la línea paterna en los Estados Unidos.
Originalmente toda la cría en España estaba en manos de la familia real y la nobleza. Una vez que los distintos reinos se unieron después de varias guerras y casamientos, finalmente se creó un gobierno central, y el Estado se hizo cargo de la selección y mejora de la cabaña equina. El servicio militar

obligatorio empezó en los años de 1700, con un mínimo de ocho años. A menudo esto conducía a carreras de por vida dentro del ministerio, con varios ascensos. Los oficiales no sólo estaban vinculados a sus monturas; sus vidas dependían de ellas. Todo caballo se consideraba como herramienta de guerra, y su crianza pasó a manos del Departamento de Defensa. El Caballo de Guerra Ibérico y sus cruces se hicieron famosos por toda Europa durante la Edad Media. Era grande, imponente y ágil. A medida que se fueron mezclando líneas de tiro, se transformó en un caballo demasiado pesado para recorrer distancias o correr. Se desarrollaron cabezas masivas y acarneradas, pesados y gruesos cuellos y grupas anchas y poderosas. Mostraban un espectáculo aterrador que empavorecía a los villanos de las aldeas europeas. Sin embargo, al desarrollarse las armas de fuego y cambiarse las armaduras por protecciones más livianas, tales caballos resultaron demasiado pesados y lentos para oponer resistencia a los guerreros montados sobre caballos del desierto criados en Oriente, mucho más ligeros y veloces.

Hacia 1847 la joven reina de 16 años Isabel II se decantó por una montura más ágil y de mejor temperamento. Se concentró en la cría de purasangres árabes, guardando los documentos de su ganadería privada. Envió al desierto una comisión encargada de buscar el mejor ganado, con el objeto de recuperar y mejorar la población equina en declive. Así, en 1847 comenzó el primer Registro y Libro Genealógico español, el cual continúa hoy existiendo y es el más antiguo registro de caballos árabes. El hijo de la reina, el rey Alfonso XII, prosiguió con esta tendencia e importó en 1884 y 1885 árabes de la mejor sangre desde Francia. En 1893 un decreto real sentó las bases para la cría de caballos árabes por el Estado, estableciendo la Yeguada Militar en Moratalla, Córdoba. Pocos purasangres se produjeron a partir de estas importaciones tempranas, ya que la intención era mejorar el caballo de guerra ibérico de sangre cruzada, así como la cabaña equina en toda España.

Las bases de la cría moderna

En 1904 dio comienzo la cría seria del purasangre árabe por parte de la Yeguada Militar, con varias comisiones de compra (1905-1908) en Mesopotamia, Siria y el Desierto Árabe, para adquirir los ejemplares más selectos. De acuerdo con el diario que llevó el capitán Luis Azpeitia de Moros en 1905, “En busca del caballo árabe”, se buscaba refinamiento, buenas monturas, una alzada mínima de 152 cm, y un límite de edad de 8 ó 10 años. Los viajes en barco eran largos y estresantes, así que los caballos debían tener resistencia. Se ojearon cientos de caballos pero sólo se compraron veintitrés cabezas. La comisión de compra enviada a Polonia en 1906 trajo asimismo un número similar.

Sin embargo fueron las importaciones de 1908 y 1912 en el desierto y Polonia las más significativas para las líneas actuales. Los tipos que se escogieron preferentemente fueron el Hamdani Simri, destacado por su excelencia como caballo de monta y su temperamento calmado, y el tipo Saklawi, descollante por su refinamiento, hermosura y velocidad. También hubo varios Managhi Sbeyli, Koheilan Ad ́jouz, Koheilan Rodan y alguna descendencia de un semental Dahman, en concreto el caballo Ursus de Polonia y su hermana paterna Damietta.

Un acervo genético cerrado

Durante casi cien años a partir de entonces, escasas líneas de sangre se han añadido al patrimonio genético. Tuvieron gran impacto los animales importados entre 1926 y 1930 desde Inglaterra por el criador privado Cristóbal Colón de Aguilera, XV Duque de Veragua. También adquirió en 1935 y 1936 todas las yeguas de los herederos del Marqués de Domeq. El duque de Veragua fue muerto durante la guerra civil española, en noviembre de 1936, sin dejar herederos directos. Su ganadería procedía esencialmente de la yeguada Crabbet, incluyendo cinco hijas de Skowronek, y gozaba de tal renombre que fue confiscada por el ejército con objeto de preservarla. El semental Razada desgraciadamente estaba entre los caballos asesinados, pero todos los restantes fueron enviados a la finca de la yeguada en Moratalla en Córdoba. Casi todas las yeguas estaban marcadas a fuego y por tanto identificadas. Otras, junto con las potras mayores, se identificaron como purasangres árabes de Veragua; mas la pérdida de los papeles hizo necesario que se renombraran, para lo que se usó el prefijo “Vera”. Estas las conservó el ejército. Las potras más jóvenes se vendieron, principalmente a la sobrina del duque, la marquesa de Avella, cuyo programa de cría todavía pervive.

Entonces y ahora, la Yeguada Militar mantiene una manada de 20 a 30 yeguas y vende el excedente a criadores privados. Cuenta con unos cien sementales árabes que se destinan anualmente a los diversos depósitos del país para el uso de los criadores y la mejora de la cabaña local, por un precio simbólico. Los productos de pura raza son debidamente medidos, identificados, registrados y calificados para incluirse en un registro de potros. A los cuatro años estos productos se inscriben en el Libro Genealógico principal. Los potros de yeguas de calidad o mitad árabes obtienen papeles de medio- árabes, pero no se incluyen en el Libro Genealógico español. Todo semental en edad de cría debe ser certificado para poder utilizarse como tal, y se designan como sementales de uso público o privado.

Aunque la cantidad de árabes inscritos ha aumentado desde los 328 de los años sesenta hasta los casi 13000 a día de hoy (2006), en Estados Unidos la población de árabes de líneas españolas y sus cruces con otras líneas de árabes representan menos del 1% de la población total de caballos árabes. A causa de su escasez y limitado número esta línea de sangre se emplea sobretodo para la cría. Pocos de estos caballos toman parte en concursos, pero cuando se presentan a ellos, los árabes españoles y sus cruces suponen un alto porcentaje de triunfos en shows y eventos.

En 1934 se introdujeron en USA con las cinco importaciones de Edna y James Draper, que incluían las yeguas fundadoras *Meca y *Menfis. Luego no hubo adiciones remarcables hasta las importaciones de Charles Steen en 1965. Estas consistieron en veinticinco árabes españoles más que llegaron a Estados Unidos, algunos in utero como *Barich de Washoe, semental sobresaliente que dejó 104 foals españoles y 446 productos con no menos de veintisiete trofeos nacionales. Hacia 1975 las importaciones desde España se facilitaron gracias al reconocimiento de las líneas Veragua en el studbook. A fines de los 70 y en los 80 tuvieron lugar más importaciones, muchas de las cuales se usaron para cruce de líneas.

Influencia en todo el mundo

Resultan familiares para criadores de todo el mundo muchos nombres como los de los destacados sementales *AN Malik y *Barich de Washoe, la yegua tres veces campeona nacional Abha Hamir, el semental 3⁄4 español CA Hermoso que fue triple campeón nacional en western pleasure, y los sementales mitad españoles *El Shaklan y Magnum Psyche. A medida que han ido desapareciendo los caballos importados en el pasado, se ha buscado sangre fresca y en el nuevo milenio han recomenzado las importaciones. Con motivo de su acervo genético cerrado y la marcada endogamia hasta 1970, el caballo árabe de líneas españolas ha mantenido un tipo propio característico. En terminología de criador, se dice que producen de manera franca. A partir de 1970 en España se importaron líneas externas, y es por ello que el término Pure Spanish (N. d T. Classical o Straight también se usan) se emplea para designar a todo pura raza árabe cuyos ascendientes anteriores a 1970 están todos inscritos en el Libro Genealógico de España. Por ello es que los cuatro abuelos trazan su pedigrí por todas las líneas a los caballos fundadores del studbook español, cuyos pedigrís originales en árabe se conservan en los “Libros Dorados” en Madrid. Desde el año 2007 AECCA (la Asociación Española de Criadores de Caballos Árabes) es la autoridad única que registra los caballos árabes en España. Junto con AECCA, su miembro afiliado SAHS (the Spanish Arabian Horse Society) y la reciente CALPE (Caballos Árabes de Líneas Puras Españolas) pretenden promocionar las líneas puras españolas de caballos árabes y sus cruces. Este esfuerzo junto con la cría selectiva por la Yeguada Militar de España y los criadores privados, han hecho del árabe español un caballo extremadamente versátil y atlético, con un carácter solícito y amable. Con un topline suave y cuello arqueado, destaca por sus grandes ojos oscuros, densidad de hueso, lomo corto y robusto, alta inserción de la cola y gran aptitud para la doma. El impacto genético de un patrimonio genético tan cerrado ha marcado todo cruce de líneas. Los árabes españoles y sus cruces han ganado innumerables campeonatos por toda Norte y Suramérica, Europa y Oriente Medio. Esta línea cuenta con dedicados propietarios y admiradores a lo ancho de todo el mundo.Uniéndose a ellos se puede experimentar la excelencia del caballo árabe español por su temperamento único, su elegancia y la calidad de su rendimiento.

Escrito por Lisa Goodwin-Campiglio
Traducido por Carmen R. Abáigar